Reformas constitucionales: Cambiar para seguir igual

04 de Marzo del 2025

Reformas constitucionales: Cambiar para seguir igual

Con el nuevo milenio, los entonces jóvenes estudiantes de Derecho, recurríamos a los antiguos maestros para abrevar de sus conocimientos y conocer a las leyendas vivientes, cuyos libros eran parte de nuestra formación profesional.

Alrededor del mediodía de una mañana de primavera, llegamos a una casa antigua y extraordinariamente conservada en la ahora Alcaldía de Coyoacán, Ciudad de México; en la sala nos esperaba impecablemente vestido con un traje azul marino, un puro en sus manos y una sonrisa gentil el famoso e ilustre constitucionalista mexicano del siglo XX, El Señor Licenciado Don Ignacio Burgoa Orihuela –quien cortésmente nos invitó a sentarnos, con una sutil seña– y antes de mediar palabras, con su tono de voz grave, fuerte y pausado, nos expresa: “Estoy consternado, estoy triste e indignado, este presidente ha violado a mi esposa, la conocí en la universidad, poco a poco me fui enamorando de ella, la aprendí a querer, a conocer y finalmente ¡me casé con ella!, mi esposa la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos”.

 

Recuerdo que mientras contaba esta breve historia, no dábamos crédito a lo que nos decía, así que, en el desenlace de la misma, como jóvenes estudiantes del Derecho en ese momento, no dimensionábamos la indignación que nuestro maestro constitucionalista –nacido y formado en el México posrevolucionario– tenía por las reformas constitucionales, que había impulsado el reciente gobierno de Vicente Fox Quezada que, a la luz de su visión, era una violación a la intención del constituyente de Querétaro de diciembre de 1916.

Han transcurrido 24 años de aquel encuentro que quedó grabado en lo profundo de nuestra alma y sirve de punto de partida para reflexionar: ¿las normas de ben permanecer estáticas o deben adaptarse a la realidad de cada época?

Entre noviembre y diciembre pasado, nuestros representantes populares (diputados federales y senadores) protagonizaron un debate mediático a favor y en contra de diversas reformas constitucionales. Quienes estaban a favor se in molaron en el patriotismo, soslayando el respaldo popular obtenido en las urnas el 2 de junio de 2024, y quienes estaban en contra se ofrendaron en sacrificio criticando y cuestionando las reformas. Unos y otros se pelearon con singular alegría y sin empacho alguno, perdieron la perspectiva, los directamente afectados con estas reformas decidieron salir del espacio de comodidad que durante 105 años habían gozado, despreciando la participación política, incluso la gran mayoría externaba con singular estulticia: “Yo no vivo de la política, mi trabajo es juzgar”, mostrando así la ignorancia que les cobijaba.

Cuando Aristóteles se refirió a la diferencia entre el ser humano y los animales, ésta radicaba precisamente en ser un animal político, por poseer la capacidad de discernir entre el bien y mal, política, podemos ser apartidistas, pero negaríamos nuestra esencia humana si dejáramos de ser zoon politikón.

Finalmente, en diciembre de 2024, llegamos a la cifra de cuan do menos 272 reformas constitucionales realizadas a nuestra Carta Magna desde su promulgación, cada una de estas modificaciones ha tenido partidarios, de tractores e indiferentes, cada una con un argumento válido para la mayoría que puede consolidar una reforma, cada una con un argumento negativo de la minoría que no tiene forma de impedirla. Lo cierto es que el constituyente de 1917, en el artículo 39 constitucional estipuló: “El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”. En otras palabras, el pueblo mexica no, si así lo desea la mayoría, podemos ser una monarquía, una democracia, un semipresidencialismo, semiparlamentarismo, una teocracia, una tiranía, una dictadura, comunistas, socialistas, lo que sea que desee la mayoría lo podemos ser.

Las reformas constitucionales de fin de año son perfectamente legales y legítimas, nos pueden o no gustar, las podemos comprender o no, nos pueden ser útiles o no, pueden ser buenas o malas, todo ello, son discusiones interminables, el maestro Burgoa pudiera o no coincidir. Lo cierto es que el problema no radica en realizar la reforma constitucional, sino en la indiferencia e ignorancia de quienes elegimos a nuestros re presentantes populares, la falta de interés o el fanatismo en la participación política no permite un equilibrio que logre un voto informado y razonado, teniendo representantes populares que proponen y votan, atendiendo a intereses cupulares y, en muy escasas ocasiones, al bienestar colectivo.

Es tiempo de que tomemos conciencia de que el verdadero cambio o transformación está en asumir nuestra responsabilidad en la participación política, de lo contrario, seguiremos cambiando para seguir igual.

 

Isaac Aramer Lozano Trejo

Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), maestro en Ciencias Forenses y Criminalística por la Facultad de Derecho de la Barra Nacional de Abogados y doctorante en Derecho por el Instituto Internacional del Derecho y del Estado.

Formado en el Máster en Políticas Jurídicas para el Siglo XXI por la Facultad de Derecho de la Barra Nacional de Abogados y la Universidad de Almería en España.

En el servicio público, ha sido director Jurídico y de coordinaciones regionales del Instituto Hidalguense de Educación para Adultos, director general de Gobernación del Gobierno de Hidalgo, diputado local suplente y consultor de administraciones municipales y estatales.

Como catedrático impartió las materias Introducción al Estudio del Derecho, Derecho Constitucional y Derecho Penal.




Isaac Aramer Lozano Trejo
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