Encuentran a padre e hijo desmembrados

10 de Junio del 2025

Encuentran a padre e hijo desmembrados

Aquella madrugada a Pedro le dolía el estómago. Era la una de la mañana, escuchó ruidos y pensó que querían robarle el tanque de gas, se levantó de la cama y se asomó a la puerta.

No vio nada extraño, lo que sí miró, al fondo, en la casa de la planta baja, fue a su vecina, quien salió con su hija adolescente cargando una bolsa de plástico negra, la cual parecía pesada porque la cargaban con ambas manos.

La vecina iba adelante y su hija atrás, al salir de la casa apagaron la luz, cerraron la puerta del zaguán y tardaron cerca de cinco minutos. Regresaron, prendieron la luz y sacaron otra bolsa negra, al salir apagaron la luz, cerraron la puerta y no regresaron. Era el 13 de agosto de 2018.

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Julio, de 33 años de edad y Carlos, su hijo, de 13, salieron a trabajar el 10 de agosto alrededor de las 8:30 de la mañana. Se dedicaban a la colocación de tablaroca y pintura.

Después del trabajo Julio pasó a un establecimiento con su hijo a tomarse una bebida. Le avisó a su esposa, a las 15:59 horas, vía WhatsApp, el lugar en el que se encontraban, en Azoyatla, Mineral de la Reforma. Iban en su camioneta. Después de las cuatro de la tarde nada se supo de ellos. No regresaron a casa.

Ese día, a la medianoche, una mujer que vivía en el mismo piso que Porfirio salió a fumar afuera de su habitación. En la casa de la planta baja escuchó música y también gritos, como si golpearan a una persona. 

 

La mujer alcanzó a oír que alguien decía “déjalo, déjalo ya, déjalo”. Se encendió la luz y enseguida una voz dijo “apaga la luz” y se apagó. El temor abrazó el cuerpo de la mujer, dejó de fumar, entró a su casa y se durmió.

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La esposa de César le marcó a su teléfono celular pero no tuvo respuesta, no contestaba las llamadas, entraban al buzón. Como a las 23:30 de la noche le volvió a marcar, pero después del tono sólo había silencio.

Buscó a su esposo y a su hijo en los hospitales de la ciudad de Pachuca, en ninguno los encontró. Tras ello inició una carpeta de investigación en la Procuraduría General de Justicia del estado por el delito de desaparición.

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La vecina que Porfirio vio con su hija de madrugada cargando bolsas de plástico negras llegó a vivir a la planta baja de la casa dos meses antes, en junio, junto con su pareja y tres hijas, dos de ellas niñas y una adolescente.

La mujer tenía tatuajes en las piernas y en los brazos, su pareja también tenía tatuajes en los brazos, las piernas y el pecho. Él era salvadoreño. Sus hijas menores tenían entre ocho y nueve años, la adolescente entre 16 y 17 años.

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El 13 de agosto, tras una llamada al número telefónico de emergencias 911, César y Carlos fueron encontrados sin vida en un baldío en la colonia La Loma, de Pachuca. Sus cuerpos no estaban completos, los desmembraron.

Un hermano de César reconoció los restos. Declaró, entre lágrimas, que: “eran gente de trabajo, gente de bien, no entiendo porque les hicieron eso, es inconcebible que los hayan matado de esa forma”.

Los agentes de investigación de la Procuraduría encontraron en el lote baldío una pila de blocks y detrás de ellos un diablito metálico, en la base una charola amarilla y sobre ella un tambo azul de 200 litros de donde sacaron los restos de César y Carlos. 

En una bolsa había restos humanos, dos calcetines oscuros, prendas en color rosa con manchas rojas, un martillo con el mazo de color amarillo y un cuchillo con el mango de madera.

Afuera del tambo había otra bolsa que contenía una toalla húmeda con manchas rojas, un lavabo con manchas rojas, una playera tipo polo blanca con la letra W, una gorra de béisbol color azul, un cuchillo con el mango de madera y el filo del cuchillo doblado y documentos. Al fondo del predio había una tercera bolsa, también con restos humanos.

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Una llamada al 911 denunció a la vecina de Porfirio y su pareja como presuntos culpables de lo sucedido. El denunciante señaló que tal vez la madre y la hija adolescente fueron responsables de los hechos.

La denuncia se hizo desde la ciudad de Pachuca, duró un minuto con 39 segundos en informar a la operadora del 911 la dirección de los responsables. Antes de colgar el teléfono la persona al otro lado de la línea dijo a la operadora que le respondió:

- Ojalá y los encuentren y les hagan pagar por lo sucedido-.

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Solo la vecina de Porfirio fue detenida. Los peritos determinaron que la causa de muerte de César fue hematoma subdural generalizado consecutivo a traumatismo craneoencefálico y la de Carlos fractura multifragmentada secundaria a traumatismo cráneo facial severo.

La vecina y su hija colocaron sus restos en bolsas negras de plástico con basura, para luego tirarlos aquella madrugada en un predio cercano a su domicilio, frente a un establo.

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La mujer, a quien se consideró en un juicio oral como autor indeterminado en mutilar los cuerpos y de hacerlo junto con otras personas, fue sentenciada por los delitos de homicidio y el delito contra el respeto a los muertos y contra la inhumación y exhumación a 15 años y nueve meses de prisión, en el penal de Pachuca, por los jueces Miguel Ángel Galindo Nájera, Oscar Barrones Castillo e Hibels José Luis Crespo García.

El diablito en el que ella y su hija colocaron el tambo con los cuerpos desmembrados era de color rojo. Su nombre quedó reservado en la sentencia tras solicitarlo, lo mismo que la Causa Penal.

Al momento de dictar la sentencia el juez Hibels José Luis Crespo García emitió un voto particular al no coincidir con los otros dos jueces, ya que a su criterio no se acreditó que la mujer fuera la persona que privara de la vida a César y Carlos.




Alejandro Reyes
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Categorías: Historia

Tags: Expediente Judicial, Hidalgo, Plétora Lex, Historia