Gaza y la indiferencia

10 de Julio del 2025

Gaza y la indiferencia

Desde una mirada ética, crítica y humana del Derecho Internacional y los Derechos Humanos.

Creo que el Derecho no debe hablar solo en tribunales, sino también en la conciencia colectiva. Hoy reflexiono sobre la omisión, la indiferencia y el papel de las y los juristas frente a los crímenes que hoy sacuden al mundo.

Cuando en Derecho nos preguntan ¿cómo se comete un delito?, solemos responder sin titubeos: por acción o por omisión. Es decir, no basta con lanzar una bomba o disparar un arma para ser culpable; también se incurre en responsabilidad cuando, pudiendo evitar un daño, se elige no hacerlo.

Esa es la base de muchas figuras jurídicas, pero también una verdad que incomoda cuando la llevamos a la vida cotidiana. Por eso me pregunto: si lo entendemos tan bien en el Derecho, ¿por qué somos tan hábiles para justificar nuestra indiferencia?

Muchas veces no es que no podamos ver. Es que no queremos. Porque ver implica reconocer que el país, la sociedad, el mundo, se están pudriendo. Que el horror no está en los libros de historia, sino ocurriendo ahora. Y si lo aceptamos, tendríamos también que aceptar nuestro silencio, nuestra neutralidad, nuestra comodidad. Tendríamos que aceptar que, por omisión, estamos sosteniendo el horror.

Hoy, muchas personas eligen mantenerse indiferentes ante lo que sucede en Gaza. Ignoran las imágenes de destrucción que circulan en medios alternativos, desestiman las campañas por un alto al fuego. Algunas incluso justifican la masacre con argumentos religiosos o ideológicos.

Y eso es lo que más me duele. Porque, ¿cuántas veces tú y yo nos hemos horrorizado con lo que ocurrió en la Alemania nazi? ¿Cuántas veces hemos dicho “yo no me habría quedado callada”? ¿Cuántas veces juramos que habríamos escondido a una familia judía, que habríamos gritado, que habríamos desobedecido, que habríamos hecho algo?

¿Y ahora? ¿Qué estamos haciendo?

Nos enfrascamos en los escándalos mediáticos, en las canciones nuevas y sus indirectas, en la serie del momento, en los chismes de celebridades. Pero no salimos de nuestra burbuja. Y no, no hace falta una guerra mundial para que ocurra un genocidio. Basta una ofensiva sostenida, una narrativa deshumanizante y un silencio internacional. Y eso está ocurriendo hoy. En Gaza. Mientras tú y yo seguimos con nuestras vidas.

En medio de esa parálisis generalizada, hace unos días circuló la noticia de que Greta Thunberg, conocida activista ambiental, abordó un barco rumbo a Gaza junto con otras personas. Muchos la criticaron: que qué tenía que ver una activista ambiental en un conflicto político, que cuánta ayuda cabía en esa pequeña embarcación, que si era un acto simbólico inútil.

Pero lo que más ruido me hizo fue que gran parte de esas críticas venían de quienes no hacen nada, de quienes publican indignación desde la comodidad de sus escritorios, pero nunca mueven un dedo.

Greta y su grupo sabían que no iban a romper el bloqueo. Sabían que no iban a detener la masacre. Sabían que probablemente serían interceptados. Y aún así, fueron, porque entendieron que no se trataba de lograrlo, sino de no quedarse callados.

Y es irónico. Porque cuántas veces no nos hemos burlado de Greta. Yo también lo hice. Desde el sillón, es fácil hacer memes, criticar su tono, su insistencia, su privilegio. Pero hoy la miro con respeto. Greta se convirtió en una aliada de la humanidad.

Porque sabe que si ella alza la voz, el mundo escucha. Porque entiende que incluso un gesto puede tener fuerza. Y porque recuerda algo que muchos líderes han olvidado: que el silencio es complicidad.

Esto no se trata de ideologías, de izquierdas o derechas. Se trata de humanidad.

Los niños asesinados no eran radicales. Eran solo niños.

Los médicos que murieron no eran terroristas. Eran personas intentando salvar vidas.

Así que no me digas que no puedes mirar. No me digas que no puedes hacer nada, porque cada vez que eliges no ver, no decir, no compartir, no preguntar, también estás eligiendo y el Derecho lo dice con claridad: quien pudiendo actuar, no actúa, también es responsable. 

Entonces sí, Greta hizo un gesto. Y los gestos importan, porque son lo único que queda cuando el mundo arde. Porque si ya no podemos detener las bombas, al menos que nuestra conciencia no esté del lado de quienes las lanzan.

Tú decides de qué lado estás. 

Yo ya elegí.

 

SEMBLANZA

Dulce Campos.

Presidenta del colectivo Trotabarrios, locutora. De 2018 a 2022 fundadora y secretaria de Mujeres del partido político local Más por Hidalgo. Activista y luchadora social. Pachuqueña de nacimiento, con sangre huasteca y serrana. Disidente política y religiosa. Escritora por pasión, feminista por deuda, de izquierda por convicción, trabajadora por necesidad, madre por elección, politóloga frustrada y abogada en formación. Actualmente es creadora de contenido audiovisual. realiza una tesina sobre violencia escolar y se desempeña como servidora pública




Dulce Campos
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Categorías: Jurídica

Tags: Gaza, Indiferencia, Plétora Lex, Guerra Mundial, Greta Thunberg