El Mesón de la Soledad

19 de Agosto del 2025

El Mesón de la Soledad

Después de la suspensión de una obra que era el camino para carretas entre Oaxaca y Tehuacán, y la realización de un plan grandioso y prometedor, la precariedad de la comunicación en el país hacía que las ciudades, incluso las que eran centros de comercio como Oaxaca, vivieran aisladas del resto de México. En ese aislamiento, la presencia más importante era la Iglesia.

 

El mesón regentado por José de la Cruz Díaz estaba a un costado del Templo de la Soledad, y su vida transcurría bajo su sombra. Antes de reanudar la marcha por la madrugada, los arrieros encomendaban sus almas a la Virgen de la Soledad, patrona de los viajeros en Oaxaca. Le rezaban hincados en la calle del mesón, frente a la estatua de piedra que estaba allí precisamente para que los arrieros no tuvieran que subir con sus bestias hasta el atrio de la iglesia, donde podrían confundirse con los animales de carga.

 

El templo había sido levantado a finales del siglo XVII, en el lugar donde estaban las ruinas de la ermita de San Sebastián. Su portada, dividida en cuerpos de columnas teóricas, cónicas y salomónicas, albergaba algunas de las esculturas más hermosas de Oaxaca. La armilla, a diferencia del resto del templo que estaba construido como el convento, utilizaba la piedra verde de las canteras de Santa Lucía del Camino. En aquel entonces, había ocho monasterios para frailes y trece conventos para monjas en Oaxaca. Entre los conventos de monjas, el más rico era el de Nuestra Señora de la Soledad, cuya santa venerada y milagrosa es la patrona de la ciudad. Los oaxaqueños la celebraban el 18 de diciembre, para después festejar con una comida de vigilia.

 

En las Navidades del Señor no existía la costumbre de cenar el 24 de diciembre. La gente acudía a la Calenda del Niño Dios y, más tarde, después de comer turrones y vendimias en la calle, a la Misa de Gallo en la Soledad. Así debió ser también para José de la Cruz Díaz, su esposa y sus hijos, que eran todos muy pequeños, con excepción de Desideria; el más chiquito acababa de cumplir tres meses en la ciudad.

 

Por esos tiempos, la vida era monótona y lánguida, centrada sobre todo en las familias más íntimas, sin visitas de ningún género. El ambiente de un mesón era distinto: los arrieros iban y venían, siempre en movimiento con sus animales, noche y día, entre gritos y lamentos. En ese ambiente tan singular, empezó a crecer José de la Cruz Porfirio, o como lo comenzaron a llamar sus padres con el tiempo por comodidad: Porfirio.

 

Había sido concebido a mediados de 1829, en el momento en que el general Vicente Guerrero fue depuesto de la presidencia de la República. Su madre pasó todo el embarazo en un país en guerra; de hecho, México no conocería desde entonces otra cosa que la guerra: guerra entre centralistas y federalistas, guerra entre mexicanos y norteamericanos, guerra entre liberales y conservadores, guerra entre republicanos y monarquistas, guerra entre porfiristas y lerdistas, y guerra más tarde entre porfiristas. La guerra habría de durar la mitad del siglo hasta el triunfo de la rebelión de Tuxtepec, cuando comenzó el régimen que sería encabezado por el niño entonces ya general y presidente, y luego dictador que acababa de nacer en el mesón contiguo al Templo de la Soledad.

 

Vicente Guerrero estaba levantado en armas desde hacía un año en las montañas del sur, cuando fue capturado a traición en Acapulco, donde permanecería refugiado luego de la derrota de Chilpancingo. En enero de 1831, fue llevado por mar hacia Huatulco, después por tierra vía Ejecutla hasta la ciudad de Oaxaca. El rumor de su aprehensión, que comenzó a circular las vísperas del Día de la Candelaria, fue más tarde confirmado por el "Oaxaqueño Constitucional" en una nota que así decía: "Por extraordinario recibido hoy comunica al Comandante del puerto de Huatulco, haber aprendido en aquel punto al general Don Vicente Guerrero".

 

La ciudad estaba impactada. "Como a las cuatro de la mañana del 1 de febrero, fuimos entrando a Oaxaca con el mayor silencio, sin ser sentidos de la población, dirigiéndose el argumento de Santo Domingo, donde estaban preparadas las celdas necesarias para recibirnos, quedándose separado el general, con una guardia de oficio", recordaría uno de los seguidores de Guerrero, don Manuel Zavala. Al día siguiente, sus compañeros de prisión fueron dejados libres en el claustro del convento... CONTINUARÁ.

 




Porfirio Moreno Jiménez
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Categorías: Historia

Tags: Plétora Lex, Hidalgo, Alejandro Reyes, Historia Hidalgo, Expediente Judicial