17 de Febrero del 2026
San Bartolo Tutotepec, Hidalgo.— Lo que inició como una celebración del Carnaval 2026 en San Bartolo Tutotepec terminó convirtiéndose en un calvario, debido a que una joven resultó con quemaduras, junto con su familia y ahora enfrenta sola la emergencia médica.
El lunes 16 de febrero, un “torito” de pirotecnia alcanzó la vestimenta de la joven —elaborada con rafia— mientras participaba con su comparsa proveniente de Tenango de Doria. El material inflamable propagó el fuego con rapidez. Dos personas que intentaron auxiliarla también resultaron con lesiones.
Testigos recuerdan gritos, confusión y una respuesta improvisada: desde el templete, alguien sugirió arrojar cerveza para apagar las llamas. No hubo una ambulancia visible a escasos metros, ni un protocolo claro de actuación. La música continuó.
Pero el verdadero drama, narran sus allegados, comenzó después.
Tras el incidente, la joven fue trasladada al hospital regional de San Bartolo Tutotepec. Ahí, según la familia, les informaron que no contaban con los materiales necesarios para atender quemaduras de esa magnitud. La alternativa fue un alta voluntaria.
“Nos dijeron que no tenían cómo atenderla”, relata un familiar. Sin más opción, decidieron buscar atención especializada fuera del municipio.
El traslado hacia la Ciudad de México representaba la esperanza de recibir tratamiento oportuno. Sin embargo, aseguran que también enfrentaron negativas y dilaciones en instituciones públicas de la capital del país.
Mientras las horas avanzaban —cruciales en el tratamiento de quemaduras—, la familia asegura que no hubo acompañamiento institucional, orientación ni gestión oficial.
Finalmente, optaron por ingresar a la joven en un hospital privado, donde actualmente recibe atención, costeada íntegramente por sus familiares.
AUTORIDADES EN EL PRESÍDIUM
En el presídium del carnaval se encontraban autoridades municipales y estatales, entre ellas el alcalde Ubaldo González y la secretaria de Cultura estatal, Neyda Naranjo. No obstante, de acuerdo con los testimonios, tras el incidente no hubo seguimiento médico ni respaldo formal hacia la familia.
Para los allegados, el dolor no sólo proviene de las quemaduras de primer y segundo grado, sino de la sensación de desamparo.
“Lo más duro no fue el accidente, fue sentir que nadie respondió”, expresaron.
Hoy, mientras la joven continúa bajo atención especializada, su familia insiste en que lo ocurrido no debe reducirse a un accidente festivo, sino analizarse como una cadena de fallas: en la prevención, en la reacción y, sobre todo, en la atención médica posterior.