20 de Mayo del 2026
“...el nuevo tributo se paga con datos, tiempo, dependencia y exposición permanente”
Por décadas se nos aseguró que la revolución digital desencadenaría una época con más autonomía, acceso libre a la información, apertura de mercados y ampliación de oportunidades. La tecnología nos fue presentada como un instrumento que puede liberar, hacer más equitativas las relaciones humanas, simplificar el acceso a conocimientos y desmantelar antiguas estructuras de dominación. Sin embargo, la realidad actual exige plantearnos una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Estamos ante una fase avanzada del capitalismo o, al contrario, hemos entrado en un nuevo tipo de sometimiento estructural?
En ese contexto, el concepto de tecnofeudalismo adquiere importante relevancia. Su teoría describe cómo la producción industrial y de libre mercado ya no son los únicos ejes del poder político, económico y social, sino que este ahora se centra en controlar los datos de las plataformas digitales a nivel mundial. La teoría, elaborada por Yanis Varoufakis, afirma que el capitalismo tradicional no solo ha cambiado, sino que ha sido reemplazado por un modelo en el cual las grandes corporaciones tecnológicas funcionan como verdaderos señores feudales de la nube, reemplazando el mercado con ambientes cerrados de dependencia digital.
En la Edad Media, el terreno era el principal generador de riqueza y poder; en la actualidad, son los datos quienes desempeñan ese papel. Antes, la protección era proporcionada por los señores feudales a cambio del trabajo y sumisión; actualmente, las grandes empresas tecnológicas controlan la nube, las plataformas, los algoritmos y los canales de interacción social. A cambio de acceso, visibilidad, conectividad y una supuesta gratuidad, millones de usuarios entregan voluntariamente datos personales tales como sus preferencias ideológicas, patrones de conducta e incluso sus emociones.
La diferencia principal es que el vasallaje moderno no se establece a través de tierras, espadas y castillos, sino por medio de interfaces amigables, contratos de adhesión sin límites, sistemas de recomendación y estructuras digitales que tienen como propósito captar la atención y modificar el comportamiento. El nuevo siervo no cultiva la tierra; alimenta algoritmos, el nuevo tributo no se abona en especie, sino que se paga a través de datos, tiempo, dependencia y exposición permanente.
El valor no se encuentra únicamente en producir bienes u ofrecer servicios de manera tradicional, sino más bien en la habilidad de intervenir en el comportamiento humano. Las plataformas no solamente median las relaciones económicas, sino que también las organizan, las jerarquizan y las condicionan. El comercio dejó de enfocarse en el intercambio físico para adoptar modelos de intermediación algorítmica, en los que para comprar un producto basta con hacer clic una vez; sin embargo, tras esa supuesta sencillez se esconde una sofisticada ingeniería de persuasión digital.
Es fácil identificar a los llamados actuales "señores feudales" Amazon, Meta, X, Microsoft, Apple, entre otros, quienes poseen una capacidad inmensa para definir las reglas de interacción social, comercial, informativa y simbólica del mundo contemporáneo. Su poder no se limita a lo económico, sino que tiene impacto en la conversación pública, en la cultura política, en los procesos democráticos, en la privacidad, en la seguridad y hasta en el modo en que entendemos la realidad. En sentido estricto, no son simplemente empresas: son centros de poder privado que trascienden las fronteras internacionales.
Y es en este punto donde el análisis deja de ser exclusivamente económico para convertirse en un proceso jurídicamente y democráticamente profundo. El tecnofeudalismo representa uno de los retos más importantes para el Estado constitucional actual, ya que mueve áreas de decisión que anteriormente eran parte del ámbito público y las lleva a zonas corporativas poco transparentes. Una plataforma, al determinar qué datos recopila, qué contenidos expande, qué cuentas oculta, qué información monetiza o qué criterios utiliza para diseñar el perfil de una persona, está ejerciendo un tipo de poder regulatorio que no ha pasado por un proceso democrático ni por mucho menos por un proceso legislativo.
La concentración de riqueza derivada de este modelo agrava además las desigualdades sociales. Mientras millones de personas generan valor digital sin percibir una retribución real por ello, un número muy reducido de corporaciones acumula fortunas, influencia geopolítica y capacidad de presión regulatoria. La opacidad sobre el uso de los datos, la manipulación del entorno informativo, la segmentación ideológica y la débil rendición de cuentas de estas empresas constituyen signos inequívocos de un sistema que no sólo reorganiza la economía, sino que también reconfigura la ciudadanía.
Desde la óptica del derecho, el asunto es más complicado: si los datos personales, los patrones de comportamiento y la identidad digital se han vuelto el insumo esencial del nuevo orden económico, la discusión sobre su propiedad, control, uso y explotación no puede limitarse a meros avisos de privacidad. Estamos enfrentando un asunto de soberanía digital, derechos esenciales y restricciones al poder privado.
Por lo tanto, ya no es posible que la regulación sea tardía o sea fragmentada. No es suficiente con aplicar sanciones individuales por incumplimientos en materia de protección de datos personales. Es necesario crear una normativa integral que trate la portabilidad de información, la transparencia algorítmica, la concentración digital, el cumplimiento fiscal relacionado con las plataformas, la protección de datos personales en manos de terceros de manera real y la responsabilidad que tienen las grandes corporaciones digitales. Regular no implica frenar la innovación, sino establecer límites jurídicos que impidan que el avance tecnológico sea utilizado como justificación para el abuso, la opacidad o la concentración indebida de poder.
Maestro Javier Omar Montoya Piña
Es licenciado en Derecho con especialidad en Derecho Penal y maestro en Derecho Penal y Ciencias Penales por la Universidad Autónoma del Estado deHidalgo (UAEH).
Actualmente es el presidente del Colegio Foro Hidalguense de Abogados Postulantes A. C., titular del despacho Montoya Firma Juridica Abogados Digitales y asesor legislativo. Asimismo, es docente en diversas universidades públicas y privadas.
Capacitador y conferencista en temas como inteligencia artificial para abogados, delitos informáticos su tipificación y el proceso, delitos y riesgos derivados de las redes sociales, además de capacitación a estructuras políticas y delitos electorales.
Autor del libro "Delitos Federales Cometidos a traves de Medios Informáticos", publicado por Flores Editores.
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