Alianza Terapéutica en salud: confianza en la atención medica

20 de Agosto del 2026

Alianza Terapéutica en salud: confianza en la atención medica

La medicina nació mucho antes que los hospitales, las universidades y las leyes. Nació el día en que un ser humano decidió cuidar a otro. Antes de los expedientes clínicos, de los protocolos y de la tecnología, alguien permaneció al lado de una persona herida, enferma o vulnerable con la intención de aliviar su dolor, acompañarla e intentar salvarle la vida. En ese gesto elemental de cuidado apareció el primer gran fundamento de la atención sanitaria: la confianza.

Desde entonces, la práctica médica ha evolucionado de forma extraordinaria. Las antiguas técnicas de curación dieron paso a la ciencia clínica, a los hospitales modernos, a los antibióticos, a la cirugía de alta especialidad y a la inteligencia artificial como apoyo diagnóstico. Sin embargo, hay un elemento que permanece intacto: toda atención en salud comienza cuando una persona, ante la incertidumbre de la enfermedad, decide confiar en otra.

Ese punto de partida es fundamental. La relación entre quien solicita ayuda y quien la brinda no es un detalle secundario del acto médico; es el espacio donde se comprende el padecimiento, se acepta el tratamiento, se otorga el consentimiento informado y se logra la adherencia terapéutica. Por ello, cuando la confianza se rompe, no sólo se afecta el vínculo humano, sino que se deteriora la calidad del servicio y se abre la puerta al conflicto legal.

Un escenario de tensión y desgaste

En los últimos años, el vínculo entre usuarios y profesionales de la salud se ha vuelto más complejo. La saturación de los servicios, el tiempo limitado en consulta, la escasez de recursos, la presión administrativa, la desinformación en redes sociales y las elevadas expectativas de la población generan frustración.

Del lado del paciente, la enfermedad genera miedo, dolor e incertidumbre. Del lado del personal de salud, la práctica diaria ocurre en entornos de agotamiento, alta exigencia institucional y una responsabilidad permanente sobre la vida y la integridad de las personas.

En este escenario, cuando falla la comunicación, el conflicto surge de manera natural. Un diagnóstico mal explicado, un riesgo no advertido, un trato percibido como indiferente o un resultado no deseado suelen convertirse en el origen de una inconformidad. Y cuando esa molestia no encuentra un canal de diálogo institucional, se traslada rápidamente a la queja, el arbitraje médico, la demanda patrimonial o el amparo.

De la consulta individual a la Alianza Terapéutica

Durante mucho tiempo se entendió la atención médica como un vínculo exclusivo entre dos personas: el médico y el paciente. Hoy esa visión resulta insuficiente. En la experiencia real de la salud intervienen enfermería, trabajo social, psicología, nutrición, personal técnico, laboratoristas, administrativos y directivos, además de la familia del usuario.

Por ello, es momento de hablar formalmente de una Alianza Terapéutica.

Esta alianza es la relación de confianza, comunicación, corresponsabilidad y respeto que debe construirse entre el usuario, el equipo de salud y la institución. No se trata sólo de un cambio de términos, sino de reconocer que la atención moderna es un proceso colectivo donde la salud no se protege de manera unilateral, sino mediante un esfuerzo colaborativo.

Derechos y responsabilidades compartidas

La Alianza Terapéutica se sostiene en un principio claro: el respeto mutuo. La persona usuaria tiene derecho a recibir información clara, trato digno, confidencialidad, atención de calidad y a participar en las decisiones sobre su salud. Sin embargo, también tiene la responsabilidad de proporcionar información veraz sobre sus antecedentes, expresar sus dudas, seguir las indicaciones médicas y tratar con respeto al personal sanitario.

Por su parte, el profesional de la salud debe actuar conforme a la lex artis (la buena práctica médica), al informar con claridad, escuchar con atención, documentar el expediente y trato empático, pero también tiene derecho a contar con condiciones de trabajo adecuadas, garantías de seguridad y un trato respetuoso por parte de los usuarios. Cuando una de las partes sólo exige derechos y la otra sólo acumula cargas, el vínculo se rompe.

La tecnología frente al factor humano

La medicina continuará transformándose. Los algoritmos predictivos, la telemedicina y la inteligencia artificial modificarán la manera de diagnosticar y tratar las enfermedades. Sin embargo, ninguna innovación tecnológica resolverá la crisis de confianza si se olvida que el núcleo del cuidado es profundamente humano.

Alinearse al sistema de salud no significa tolerar fallas, negligencias o maltratos. Significa participar de forma activa en el propio cuidado, utilizar los canales de mediación institucionales y comprender que la protección de la salud requiere colaboración en lugar de confrontación.

La confianza no es un adorno del acto médico; es una condición indispensable para que el sistema funcione. Cuando se fortalece, mejora la respuesta al tratamiento, se humaniza la atención y se evita litigar lo que bien pudo haberse resuelto mediante un encuentro humano claro, digno y honesto.

SEMBLANZA

LIC. LUIS CARLOS OLVERA SERRANO
Especialista en Seguridad Social, Derechos Humanos y Derecho Médico.

Licenciado en Derecho con doble maestría por la Universidad de Alcalá de Henares, España: en Administración Hospitalaria y en Administración y Gestión de Servicios de Salud. Cuenta con formación especializada internacional en sistemas de salud e instituciones de seguridad social en Israel y Bolivia.

En el ámbito profesional, cuenta con amplia trayectoria en responsabilidades jurídicas, de calidad y atención al derechohabiente en instituciones públicas como el ISSSTE y los Servicios de Salud de Hidalgo. Actualmente se desempeña como Jefe de Servicios Jurídicos de IMSS-Bienestar en Hidalgo, donde coordina las estrategias contenciosa y consultiva de la institución.




Luis Carlos Olvera Serrano
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Categorías: Jurídica

Tags: Medicina, confianza,