01 de Noviembre del 2026
Arturo tiene 31 años y durante estos días pasa buena parte de su jornada entre tumbas, flores y familias que llegan al panteón municipal de Pachuca para visitar a sus difuntos.
Se dedica a limpiar sepulturas y, en plena temporada de Día de Muertos, el trabajo aumenta: llega a atender entre 10 y 12 tumbas por día.
No cobra una cantidad fija. Su pago depende de lo que cada persona quiera darle por el servicio. Hay quienes le ofrecen 20, 30, 50 o hasta 100 pesos.
“Lo que la gente nos guste dar. No le pedimos tal y tal, solo ellas nos dan lo que se les es correcto”, explica.
Para Arturo, los días cercanos al 2 de noviembre representan una buena oportunidad para llevar dinero a casa. Incluso compara lo que puede ganar en esta temporada con el sueldo semanal de un albañil.
“Es lo de un albañil a la semana, un poquito menos, pero lo de un albañil en estos tres días”, comenta.
Para trabajar ocupa pala, dos cubetas, una escoba y un cuchillo para cortar las ramas que crecen entre las tumbas. Con eso comienza a retirar la suciedad y dejar los espacios en mejores condiciones para quienes acudirán a visitar a sus familiares.
En este tiempo también le ha tocado encontrar cosas que no son tan comunes para quienes visitan el panteón. Entre la tierra y la maleza han aparecido huesos, alacranes y arañas grandes.
“Los huesos, ¿sabes? Es un hueso, luego se salen”, cuenta. Recuerda que incluso ha llegado a ver fragmentos que podrían corresponder a un niño o a un brazo.
También ha tenido algunos accidentes. Una vez se cortó con un vidrio mientras limpiaba, pero, aunque le salió sangre, decidió continuar trabajando.
“Sí me salió sangre, pero aun así sigo trabajando”, recuerda.
A pesar de estas situaciones, Arturo dice que le gusta venir al panteón. No considera que sea un trabajo demasiado complicado y disfruta pasar el rato trabajando y conviviendo con otras personas.
“Aquí como ahorita estamos aquí con mi compañero y pues nos conocemos. Aunque no nos hayamos visto, nos saludamos”, platica.
También reconoce el trato de las familias que llegan al lugar. Dice que muchas son amables y que incluso se acercan a pedirles ayuda o a llevarles agua.
“Yo me llevo una buena experiencia cuando vengo aquí a este lugar”, señala.
Antes de trabajar en el panteón, Arturo se dedicaba al comercio. Ayudaba a una señora que vendía barbacoa, sopes y quesadillas en un tianguis ubicado detrás de la penitenciaría. Su labor consistía en instalar la estructura, acomodar mesas y sillas, principalmente los viernes, sábados y domingos.
Una experiencia que le ha tocado vivir es cuando debe subirse a las tumbas para limpiarlas, Arturo siente una energía distinta, de hecho prefiere no hacerlo. “Cuando uno sube a la fosa, como que te llenas así, como que se siente algo”, comenta.
No es un trabajo que muchos volteen a ver, pero ahí está Arturo, con su escoba, su pala y sus cubetas, para ayudar a que las familias dejen limpio el lugar al que llegan cada Día de Muertos.