Del horno a la ofrenda: Eduardo mantiene viva la tradición del pan de muerto

30 de Octubre del 2026

Del horno a la ofrenda: Eduardo mantiene viva la tradición del pan de muerto

Antes de que el pan de muerto llegue a las vitrinas, mesas y ofrendas por el Día de Muertos, detrás de cada pieza hay una receta, horas de trabajo y una tradición familiar que Eduardo Hernández Díaz aprendió desde niño.

 

A sus 42 años, Eduardo ha pasado prácticamente toda su vida entre harina, mantequilla, huevo, azúcar y hornos. Es la tercera generación de una familia dedicada a la panadería y aprendió el oficio de sus padres, quienes tuvieron un negocio en Atotonilco el Grande.

 

“Yo soy panadero desde muy chiquito. Mi familia es de panaderías y desde que tengo uso de razón estoy en la panadería”, contó.

 

Entre las elaboraciones de temporada que aprendió de su familia está el pan de muerto, del que actualmente prepara distintas variedades en la Panadería Santa Fe, ubicada en Paseos de Chavarría en Mineral de la Reforma.

 

La producción de este pan comienza desde finales de septiembre y se mantiene hasta el 2 de noviembre, cuando las piezas llegan a las mesas y ofrendas de las familias.

 

Pero detrás de cada pieza hay más que una mezcla de ingredientes. Eduardo explicó que las recetas requieren cantidades precisas de mantequilla, huevo, azúcar y harina, además de respetar los porcentajes necesarios para conseguir la textura y sabor adecuados.

 

“Todo va a un cierto peso. Hablamos de mantequilla, huevo, porcentajes para poder elaborar”, detalló.

 

Después viene el formado de cada pieza, una de las partes más laboriosas del proceso. Aunque hacer las figuras no representa una dificultad mayor para un panadero experimentado, sí requiere práctica y cuidado.

 

“Y hacer las figuras no es difícil, es un poco laborioso”, señaló.

 

En la Panadería Santa Fe se elaboran pan de muerto de mantequilla, naranja y nuez, además de distintas versiones rellenas que actualmente tienen mayor aceptación entre los clientes.

 

Entre ellas está el de chocolate, preparado con masa de chocolate, chispas de chocolate Turín y crema repostera; también hay de queso con zarzamora y natural.

 

Sin embargo, hay una variedad que para Eduardo tiene un significado especial y que cada vez encuentra menos espacio entre los consumidores: el pan de muerto de azafrán.

 

Su padre lo elaboraba en Atotonilco el Grande, donde, recordó, esta variedad tenía mayor presencia por la tradición de la comunidad.

 

“Yo creo que es por la tradición que hay en el pueblo. A mí me gustaría que siguieran las generaciones nuevas esta tradición, que no se pierda”, dijo.

 

Eduardo considera que parte de esta tradición se ha ido modificando con el paso de los años. Mientras antes el pan de muerto tenía una relación más directa con las ofrendas, ahora muchas personas lo consumen principalmente por gusto durante la temporada.

 

“Se ha perdido un poco la tradición”, comentó.

 

La preocupación no es únicamente por una receta, sino por el oficio que la sostiene. Para Eduardo, mantener viva la panadería también significa transmitir a sus hijos el conocimiento que recibió de sus padres.

 

Hace seis años se independizó de sus padres y llegó a Paseos de Chavarría junto con su esposa Claudia y sus hijos Santiago y Luis. Los fines de semana, cuando no tienen escuela ni trabajo, la familia se integra a las actividades de la panadería.

 

Su esposa participa en la elaboración, pero también está al frente de la administración y de la imagen del negocio, mientras Eduardo concentra su trabajo en la producción y en la coordinación de los panaderos.

 

“Como mi papá lo inculcó: escuela y tiempos libres, a la panadería. Un oficio, tanto una profesión como un oficio podemos tener”, relató.

 

La familia también cuenta con tres trabajadores especializados en la elaboración de pan, algunos con experiencia en reconocidas panaderías de Pachuca y Ciudad de México.

 

La historia de Eduardo comenzó en Atotonilco el Grande y continuó en Mineral de la Reforma. Sus padres llegaron con la intención de estar más cerca de la capital hidalguense y así ampliar el negocio, que comenzaron en la colonia El Pri-Chacón, donde la panadería "La Conchita" lleva alrededor de 22 años. Después, uno de sus hermanos abrió otro establecimiento en colonia La Providencia y Eduardo emprendió su propio negocio.

 

Hoy, seis años después, la Panadería Santa Fe mantiene ese oficio familiar, pero también busca adaptarse a los nuevos gustos de sus clientes.

 

El establecimiento abre diariamente de 7:00 de la mañana a 9:30 de la noche. Por la mañana hay principalmente bolillo y algunas variedades de pan dulce, mientras que después de las 3:30 de la tarde se encuentra toda la producción.

 

Y durante estas semanas, entre conchas, cuernos, orejas, corbatas y bigotes, el pan de muerto ocupa un lugar especial en el mostrador.

 

Cada pieza lleva una receta, un proceso y una historia. Para Eduardo, también representa la oportunidad de mantener vivo un oficio que recibió de sus padres y que ahora busca transmitir a sus hijos antes de que algunas de sus recetas, como la del pan de muerto de azafrán, queden únicamente en el recuerdo.




Judith Ferrer
Comparte esto:

Categorías: Información de interés general

Tags: Pan de muerto, Atotonilco el grande, Panadería Santa fe