Desde Sydney, un hidalguense busca llevar programas de formación juvenil a México

25 de Junio del 2026

Desde Sydney, un hidalguense busca llevar programas de formación juvenil a México

Diego Luna Alamilla dejó Pachuca con una maleta cargada de certezas académicas y dudas personales. Recién egresado de Contaduría Pública, tomó una decisión que en su momento pareció abrupta: dejar México al día siguiente de obtener su título universitario para construir una vida completamente distinta en Sydney, Australia. Ocho años después, su historia no se mide en kilómetros recorridos, sino en el impacto que ha logrado en cientos —quizá miles— de jóvenes que hoy lo escuchan como guía, conferencista y formador.

 

Su trayectoria no comenzó con un plan perfectamente trazado, sino con una búsqueda. En México, su primer camino profesional lo llevó a oficinas contables y estructuras corporativas que, según relata, no terminaban de conectarlo con lo que sentía desde niño: una inclinación humanista, una curiosidad constante por las personas, sus emociones y su forma de pensar. Esa inquietud, que durante años no encontró cauce claro, se convirtió en motor cuando decidió salir de su entorno habitual.

 

En Australia, primero llegó como estudiante. Exploró el liderazgo con bases teológicas, la oratoria, el coaching y posteriormente la psicoterapia. En ese proceso, fue redirigiendo su vida profesional hacia un campo donde la ciencia y lo humano se encuentran: la psicología positiva. Ahí encontró una estructura que, más que explicar lo que “está mal” en las personas, busca entender lo que está bien en ellas.

 

Hoy trabaja en una organización que lleva programas a escuelas secundarias en Sydney. Su labor consiste en impartir talleres a jóvenes de entre 13 y 18 años para ayudarles a identificar sus fortalezas personales, comprender sus emociones y construir proyectos de vida más claros. El enfoque, explica, no es motivacional superficial, sino basado en investigación académica: identificar virtudes humanas y reencuadrar etiquetas que suelen acompañar la adolescencia —como “tímido”, “problemático” o “distraído”— en una lectura más amplia y menos limitante de la personalidad.

 

Su impacto se ha multiplicado con los años. En cuatro años de trabajo directo con estudiantes, estima haber hablado frente a audiencias que, sumadas, equivalen a decenas de miles de personas. Para él, cada taller representa una oportunidad de “resembrar” la forma en la que los jóvenes se perciben a sí mismos.

 

“Se trata de dar un lenguaje distinto”, suele explicar en sus sesiones. Un lenguaje que sustituye la autocrítica constante por la identificación de habilidades, hábitos y valores. En su visión, muchos jóvenes crecen atrapados en diagnósticos o comparaciones que terminan reduciendo su identidad a una sola etiqueta, cuando en realidad —dice— cada persona es un conjunto complejo de fortalezas que pueden desarrollarse si se cultivan en el entorno adecuado.

 

El camino hacia este presente tampoco fue lineal. Llegó a su actual trabajo casi por azar: ayudando a una compañera en temas de oratoria durante su formación en Australia, fue recomendado para integrarse a la organización. Tras procesos de selección y filtros para trabajar con menores de edad, comenzó como facilitador en grupos pequeños. Con el tiempo, ascendió hasta convertirse en director de staff y colaborador en el diseño de nuevos programas.

 

Su historia personal también está marcada por lo que él llama una “epifanía”, un punto de quiebre emocional que lo llevó a replantear su vida mientras aún trabajaba como contador. A partir de ahí, inició una transición que incluyó cambios de país, de carrera y de perspectiva vital. Más que una ruptura, lo describe como un reencuentro con una versión de sí mismo que ya existía desde la infancia: la de alguien cómodo hablando en público, conectando con otros y buscando sentido en lo humano.

 

Hoy, además de su trabajo en escuelas, se encuentra en proceso de concluir su segunda formación en psicoterapia, con la intención de ejercer de manera clínica individual y grupal. Su siguiente paso es el desarrollo de una academia para jóvenes de entre 17 y 25 años, enfocada en mentoría, hábitos y valores, un proyecto que busca expandirse primero en países de habla inglesa y posteriormente en América Latina.

 

A mediano plazo, su mirada regresa a Hidalgo. Planea llevar su modelo de formación a instituciones educativas del estado, adaptar sus programas al español y colaborar con escuelas, organizaciones e incluso centros de reinserción social. A largo plazo, aspira a consolidarse como conferencista internacional y autor, con un mensaje centrado en el potencial humano y la construcción de propósito.

 

Desde Sydney, su historia se ha convertido en la de un mexicano que encontró su vocación lejos de casa, pero sin perderla de vista. Y aunque su vida hoy transcurre entre aulas, talleres y proyectos educativos en Australia, su narrativa sigue anclada a Pachuca, donde todo comenzó.




Plétora Lex
Comparte esto:

Categorías: Social

Tags: Diego Luna Alamilla, Pachuca, formación de jóvenes, Sidney